BAJO LA PELÍCULA, PESCANDO EN LOS CMS MÁGICOS

En multitud de ocasiones nos hemos encontrado ante truchas muy activas en superficie pero con un grado de selectividad muy alto y no hemos sabido enfrentarnos con éxito a la situación, rebuscando entre nuestras imitaciones una solución que nunca parece ser la definitiva y dejando escapar alguna de las más esperadas oportunidades de la temporada.

Recuerdo un día pescando en el mes de Abril… durante el mediodía hubo una eclosión masiva de Rhodanis, coincidió que yo estaba pescando en una tabla larga y veía como las pequeñas efímeras bajaban navegando por el agua sin que ninguna trucha las comiera. Lo curioso es que las truchas se estaban cebando, pero por más que me fijaba ninguna pintona comía los subimagos que navegaban erguidos sobre la película. Los veleros invadían la tabla y yo, ciego, empeñado en que tenían que aceptar mi imitación clásica de subimago de bétido de Joaquin Herrero. Más tarde, pasé a su versión de emergente, con idéntico resultado. No hacía más que presentar a los peces sin que estos se dignaran ni siquiera a mirarla. ¿Cómo era posible? Como siempre, cuesta encontrar un poco de pausa en estos momentos de frenesí en los que el pulso te va a 100, pero a menudo, es en esos instantes de observación donde encontramos las respuestas a nuestros problemas. Ningún pez llegaba a romper la película. Estaban pues, alimentándose de emergencias suspendidas bajo la película y era yo, y no ellas, él que había estado picando.

Humedecí entre mis labios la misma emergente que estaba siendo ninguneada, lancé a la primera trucha que tenía a mi alcance y observé claramente cómo mi emergente desaparecía al de pocos centímetros de empezar a derivar. Fue entonces cuando de verdad empezó la fiesta para mí.

Está demostrado que la mayoría del alimento ingerido por las truchas es capturado bajo el agua. Pero particularmente un porcentaje muy alto de ese alimento es consumido justo en lo que conocemos como la película, esa fina lámina situada en los primeros centímetros de la masa de agua. En realidad, la película es solamente esa finísima piel que forma la tensión superficial y que impide emerger con facilidad a los invertebrados por la tensión superficial, de la misma forma que, una vez atravesada, les sirve de apoyo para terminar su emergencia. Al hilo de esto convendría reflexionar sobre la influencia que tienen los detergentes que usamos y vertemos al río sobre ésta, y como ello tiene implicaciones profundas en ciertas especies de invertebrados acuáticos, pero lo dejaremos para otra ocasión. Este momento de debilidad es aprovechado por las truchas para dar caza a las emergentes que intentan romper la superficie y por ende, por nosotros para intentar engañarlas.

Cuando las truchas están comiendo en esa lámina de agua suelen encontrarse muy activas y cerca de la superficie efectuando continuos desplazamientos derecha-izquierda. En multitud de ocasiones, las truchas dan caza a los insectos tan cerca de la superficie que parece que han tomado un subimago que flotaba sobre el agua. Es por este motivo que muchas veces pensamos que están comiendo secas y utilizamos una imitación de este tipo. Otras veces reconocemos que están comiendo emergentes, y utilizamos una convencional, más placada a la supercie, con exhubia, etc. pero aún así, flotando sobre la película. Resultado de ambas acciones cuando los peces muestran un grado de actividad muy alto… ninguno. ¿A qué es debido? Bueno la elección de la emergente es correcta, pero nos encontramos con un problema: las emergentes las identificamos normalmente con moscas muy placadas a la superficie, normalmente en materiales blandos como cdc o liebre, pero que no rompen la superficie o sí lo hacen lo hacen parcialmente. En muchas ocasiones, cuando las truchas muestran un comportamiento selectivo hacía el estadio en el cual los insectos aún no han roto la película, es decir nonatas, esto no es suficiente y debemos presentarles algo semejante, no solo en color, forma y tamaño (y por supuesto deriva), también en la capa de agua correcta.

Pese a ser un problema con el que generalmente nos topamos en aguas lentas, donde tanto ellas como nosotros tenemos un amplio margen de tiempo para pensar y actuar, también es cierto que uno de los primeros problemas con los que nos topamos al empezar a emplear este tipo de técnica, es con el clavado. Puede parecer sencillo, estamos tirando a un pez a vista, se está cebando, le presentamos bien, come, clavamos y… y nada. Vaya, no era la mía. Y se ha ido. ¡Claro que se ha ido, melón! Ha visto salir una mosca y un tippet disparado delante de sus narices…

Hay ocasiones, sobre todo tratándose de imitaciones tan blandas y pequeñas, en las que podremos advertir un ligero «toque» o tensión en nuestro bajo de línea, pero contar con que eso va a ocurrir en el 100% de los casos es, con toda seguridad, pecar de inocentes y darle a la mayoría de los peces el tiempo necesario para escupir nuestra mosca. Y sí, especialmente ese pez, ese grande, ese que tanto quieres ver en el fondo de tu sacadera, ese suele ser rápido como un rayo escupiendo cualquier cosa que no le cuadre. Y muy posiblemente, también se irá después de escupir tu mosca.

Dejando de lado el sentido del humor, a veces, con moscas pequeñas y hundidas, que navegan a poca profundidad, no es fácil estar seguro de lo que ha pasado. Debemos, por supuesto, fiarnos de nuestra vista, también de nuestro instinto y de nuestra experiencia, que nos facilitará el calcular bien el timing correcto desde que la mosca ha posado, su deriva prevista y cruzarlos con los movimientos y cebas del pez. Pero la experiencia, lleva un tiempo ganársela y todos queremos sacar peces, cuanto antes.

Os dejo un pequeño truco que usaba mucho hace años pescando reos y truchas en Cantabria. A veces, bueno, a veces no, los peces del Asón o del Miera siempre se ponen endomoniandamente quisquillosos con lo que comen y dónde lo comen. Solía pescar mucho con una Adams parachute en un #20 o una Comparadún oliva en un #18, pero en muchas ocasiones, observaba el comportamiento descrito en este artículo. Un porcentaje muy alto de las cebas del pez al que estaba recechando tenían lugar justo bajo la película. El problema de estos peces es que con frecuencia muestran cadencias frenéticas de cebado, con desplazamientos muy cortos y no siempre contamos con buena luz para acertar con el clavado. En estos momentos, un tandem corto, de entre 20 y 30 cm de flurocarbono para que venza la tensión superficial lo antes posible, atado a la tija de la Adams, con una ninfita emergente pequeña (#18-24) sin peso alguno, con bastante fibra de cdc, humedecida previamente, solía acabar con el pez entre mis manos gracias a esa Adams «chivata».

Álvaro G. Santillán.

*Artículo publicado en LINEAS VIVAS, año 2007.

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