DISCRIMINACIÓN POSITIVA

¿Sabes cómo piensa un pez? ¿Crees o has creído entender, aunque solo sea por un instante, cómo funciona el cerebro de una trucha? ¿Alguna vez has sentido que, por fin, tenías esa comunión de espíritu con ellas, para horas más tarde preguntarte, mientras miras al suelo, “por qué, por qué, por qué…?

Tranquilo, no estás solo, a todos nos ha pasado. Constantemente y sin remedio. Esto es pesca y las truchas, esos extraños seres, son truchas. Ni más, ni menos. Supongo que en parte la fascinación que despiertan en nuestro interior emana de ese misterio. Y que siga así.

Lo cierto es que, nos guste o no atribuirles cualidades metahumanas, los peces siguen siendo peces. Una verdad tan aplastante como esta puede escapársenos muchas veces y, a los que pecamos de “filósofos con wader” o nos enamoramos en cada pozo, más aun. No obstante, esta es una de las pocas certezas a las que uno puede llegar después de años pateando orillas.

Ellas sólo hacen lo que tienen que hacer. Así de simple. Son unos organismos programados genéticamente para crecer, relacionarse y reproducirse. Entre una cosa y la otra suelen entretenerse desquiciando pescadores con cabezas abarrotadas de respuestas que tras una jornada acaban jalonadas con un par de estos: “¿?”. Siento decepcionaros, tampoco en este artículo hallareis puntos finales. A titulo personal no creo en ellos en lo que a la pesca a mosca se refiere, pero tratar de ordenar, clasificar y simplificar las preguntas, cuando la suerte está de nuestro lado –y ellas tienen ganas-, suele facilitarnos las cosas. O al menos alivia el dolor de cabeza.

“CALLA Y OBSERVA”

Probablemente el mejor consejo que me hayan dado nunca es: “Calla y observa”. Tal cual.  

Una de las propiedades más erróneamente atribuidas a todo pescador a mosca es que “tendrás mucha paciencia”. Ninguna. La paciencia se entrena, como todo. Y es que, uno lo quiera o no, nos encanta actuar. Adoramos investirnos en actores principales de una película en la que jamás tendremos el papel protagonista y acabamos convirtiendo una obra maestra en un fracaso en taquilla. Es la naturaleza humana.

Observar es aprender. Nadie te enseñará más sobre el río que el propio río. Desayuna, come, cena y hasta duerme a solas con él. Y no pares de observar. Y calla. Las preguntas vendrán solas y tal vez, sólo tal vez, alguna respuesta. Así debe ser, no te fíes de los que sólo tienen respuestas, probablemente es que se hayan hecho muy pocas preguntas.

Aros hipnóticos, fuente de curiosidad

Si lo pensáis bien, no somos tan distintos. Tenemos nuestras necesidades y tratamos de saciarlas, de formas más o menos complicadas o enrevesadas. 

Realmente, todo va de esto. Nos alimentamos porque tenemos hambre. Ellas hacen lo mismo, obviamente. Sin embargo, ¿por qué lo hacen como lo hacen? ¿Por qué seleccionan la comida de tal o cuál forma?

Ni idea y aunque creyera saberlo, ya se encargarían ellas de contradecirme con un rotundo “no”. Aun con todo, esas preguntas para mi son como un mantra. Horas y horas observándolas comer, como quien mira llover, con el eco de esas preguntas en mi cabeza. Hay algo en ese gesto que no me canso de observar. Esos aros, su cadencia, su ritmo, su sonido…hipnóticos.

Realmente, esos aros me han enseñado mucho. Pero lo dicho, ni idea.

DISCRIMINACIÓN POSITIVA

Lo que sí que se es que ellas… ellas no son tan maquiavélicas como nosotros. Adoran las preguntas de sí o no. Y sinceramente, ante la duda… para adentro. Sí, para adentro. “Discriminación positiva”.  No está la cosa para andar dejando pasar cosas que identifiquen como alimento así por las buenas.

Por lo general, no les gusta andarse con remilgos, aunque a veces, nuestra influencia pueda llegar a transformar su conducta de las formas mas imprevisibles.  He visto truchas comerse todo Objeto Flotante (o hundido) No Identificado, desde pelusas, palos, papeles, trocitos de papel albal, semillas, colillas, patatas fritas, briznas de hierba… de todo (menos nuestra mosca).  Y muchas veces escupirlos, pero para nosotros con lo primero ya es suficiente. ¿Y cuál es el motivo de estos, vamos a llamarles “errores”? Quizá debiera dejar de plantear preguntas para las que no tengo respuesta.  Supongo que habrán identificado algo en ese OFNI como comida. Ese algo es lo realmente importante para el pescador, el estímulo positivo, la clave que buscar.

DISCRIMINACIÓN NEGATIVA

Como ya se ha señalado, como actores secundarios con ínfulas de grandeza que somos, modificamos toda escena en la que participamos en exceso. Ellas son las que mas sufren la sobrepesca a la que sometemos a muchos tramos de nuestras aguas y la modificación de su conducta puede ser lo primero que desencadenamos.

De cajón es que nuestra sola presencia pueda llevar a que los peces adopten actitudes mucho más desconfiadas a la hora de alimentarse. Si a esto sumamos experiencias como un anzuelo en los morros… la balanza se puede ir inclinando hacia una selección del alimento de forma mas quisquillosa, abandonando en parte la “discriminación positiva”.

Y es que, en mi opinión, selectividad y este tipo de conducta son patrones bien distintos y en los que merece la pena diferenciar matices. Un pez en un hábitat natural y virgen, puede llegar a ser tremendamente selectivo con lo que come. Por ejemplo, este hecho suele ser habitual en grandes eclosiones de efemerópteros de una sola especie. Sin embargo, seguirá razonando de forma “inocente”, discriminando positivamente la comida en la mayoría de los casos.  Alimentarse y crecer están en su naturaleza.

La desconfianza. La desconfianza nace con nosotros. Vamos a llamarle karma o que toda acción tiene su reacción, y esta es la respuesta de los peces a nuestro juego. En este punto, es cuando todo se vuelve y un sin sentido (hasta para ellas, que llegan a rechazar moscas naturales) y la actitud de lo peces se vuelve aleatoriamente jodida para nosotros. En este punto, estás solo, amigo.

Nos lo hemos ganado.

¿POR QUÉ?

Es probable que nunca lleguemos a entender qué es lo que provoca que un pez llegue a ingerir un determinado objeto, pero podemos ir a las causas. Haciendo un esfuerzo por clasificarlas y tratando de ser pragmáticos, encontraríamos:

  • Lo encuentra comestible: Es la causa más probable. Todos conocemos más o menos bien lo variado de la dieta de los salmónidos. El abanico es muy grande y realmente a veces no sospechamos qué de cosas pueden llegar a ser considerados por un pez como alimento.
  • Agresividad: Determinadas actitudes, movimientos, colores, etc. Pueden hacer que el pez desencadene una respuesta agresiva.
  • Curiosidad: Simple y llanamente. Los peces tienen varios sentidos que les permiten relacionarse con el medio que les rodea, pero en ultima instancia y si la vista, su línea lateral, etc. No les permiten solventar su curiosidad, el mecanismo que les permite salir de dudas es, efectivamente, un buen bocado. Ellas no tienen manos, y menos mal.

Así pues, tenemos estos tres medios para un solo fin: que decidan que nuestra mosca es algo que tienen que meterse en la boca. A buen seguro que hay muchos patrones que hacen que un pez identifique un objeto como algo comestible, pero dar con ellos no es tarea fácil.

ESTÍMULOS POSITIVOS

Volvamos pues, a condiciones de las que podamos extraer alguna conclusión, aunque éstas sean cada vez mas escasas en nuestros sobrepescados ríos. Hacer un ejercicio de simplificación, puede ayudarnos a ver las cosas de una forma más natural que, supongamos, se acerca más al razonamiento de nuestras amigas.

Una decisión, incluso para un pez, es el resultado final de un proceso mental-cognitivo y, aunque sea de sí o no, siempre hay un factor desencadenante, un estímulo. Para mi, esta es la clave. Busquemos los estímulos positivos que desencadenen que un pez identifique nuestra artificial como comida o estímulo de curiosidad o agresividad.

Identificar dichos estímulos es un proceso largo y complicado, con muchas fases, tanto de observación como de prueba y error, pero a buen seguro nos aportará una visión diferente como pescadores y como montadores.

Realmente, los primeros pescadores ya hicieron este ejercicio y lo hicieron muy bien. Fijaros en las primeras moscas artificiales, bocetos de una realidad bien distintas, pero sin embargo, efectivas incluso en nuestros días.  Esa es, para mi, la esencia del montaje.

Esos montadores, fueron los primeros caricaturizadores, porque, realmente, eso es lo que hacemos: caricaturizar la realidad, buscar esos rasgos distintivos y característicos y sacarles el máximo partido y expresividad. Ese es el verdadero arte del montaje, analizar el río y sus peces y ser capaz de plasmar esos estímulos positivos en un mosca, una caricatura de un ser vivo.

En este ejercicio reside la dificultad: encontrar aquello en lo que un pez se fija y prioriza a la hora de identificar algo como comida. ¿Qué es lo que le llama la atención? Quizás sean las alas perpendiculares en los ephemeropteros. ¿Por qué no? ¿La exuvia en las emergentes? ¿El brillo iridiscente de las alas de una hormiga? ¿El brillo o el color de un perdigón? ¿O, quizá, sólo sea la cabeza el estimulo? O, por qué no, comportamientos como el rallado de la superficie de un trico o el “chop” de un saltamontes al caer al agua. Nunca lo sabremos con certeza.

PRUEBA Y ARRIESGA

No, nunca sabremos nada con certeza, pero ahí nace la magia. El río es el mejor laboratorio y parque de juegos que he conocido, en él puedes ser libre para probar lo que quieras. Observa y deja que las ideas broten, busca ese estímulo, cree en tu idea y prueba. Quizá tengas éxito, quizá no. No importa, buscar nuevos ángulos y puntos de vista siempre es instructivo y un camino que merece la pena recorrer, pero no te compliques, piensa que a veces,  solo basta un estímulo para tener una recompensa.

“Dicen que la verdad es la suma de todos los puntos de vista existentes, el problema para nosotros, es que jamás conoceremos su punto de vista.”

*ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA DÁNICA Nº59

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