TIPPETEANDO

La pesca a mosca es una disciplina de pequeños detalles. De cada uno de ellos, de cada una de nuestras pequeñas decisiones, dependerá en gran medida nuestro éxito. Hacerse las preguntas adecuadas y darles la respuesta más correcta en cada situación es algo que requiere conocimientos, buena capacidad de análisis y sobre todo, experiencia.

Los mosqueros solemos ser seres meticulosos por naturaleza, tendemos a cuidar todos esos detalles que nuestra experiencia nos ha señalado como claves: cañas, líneas, carretes, moscas, bajos… pero no son tantos los que han analizado a fondo todo lo que un tippet o terminal puede llegar a ofrecernos. Hay muchos más detalles en un terminal más allá de su diámetro o su color, muchas más preguntas que hacerse además de “si no me la coge pongo un 007”, y se que el motivo por el que el 90% de los pescadores eligen su terminal es ese: lo que el pez “ve” o ellos creen que ve.

La influencia del tippet en acción de pesca es enorme y muy poco considerada, no hay que olvidar que tiene relevancia en el posado, la extensión del bajo, la deriva, el dragado, en si el pez lo percibe o no y, además, en la pelea con el pez una vez clavado, obviamente. En cada disciplina de pesca varían cada uno de estos parámetros, no es lo mismo pescar a seca una gran tabla que un pequeño río de montaña, ni pescar a ninfa a pez visto o hacerlo al hilo. A continuación trataremos de desgranar alguno de los detalles a considerar.

Ductilidad y flexibilidad:

La facilidad para deformarse que tenga un monofilamento puede ser una propiedad muy útil y que nos puede facilitar algunos aspectos. A mayor ductilidad, crearemos más distensiones y apilamientos involuntariamente como consecuencia de la menor rigidez y capacidad del material para transmitir energía y extenderse, y esto nos será de utilidad para prevenir el dragado.

Además, a mayor rigidez mayor será la resistencia del tippet a rizarse por la resistencia al aire de la mosca. Todos hemos sufrido esto y es algo realmente incomodo y que encima debilita mucho el terminal. No digo que sea resolutivo, pero bien es cierto que hay monofilamentos que rizan mucho menos que otros y ello viene condicionado por esta propiedad. Y si no, a cambiar de mosca o subir el diámetro, ya sabéis.

Para terminar, sopesar la elasticidad de un tippet puede ser de gran ayuda. Aunque pueda resultar curioso, la diferencia en este parámetro entre marcas es notable y para gustos los colores, ya que es una cuestión más de feeling que de otra cosa, si bien un tippet flexible nos ayudará a prevenir ciertas roturas.

Material:

La gran cuestión en cuanto al material se refiere: fluorocarbono, ¿sí o no? Depende. Estamos ante un material que cuenta con varias ventajas frente a los monofilamentos de nylon tradicionales, principalmente su menor visibilidad bajo el agua y su mayor resistencia a la abrasión como consecuencia de su mayor dureza, muy útil peleando grandes ejemplares en zonas donde el roce con obstáculos puede ser decisivo. Lo primero, en mi opinión, es más marketing que una ventaja real, siendo mucho más útil a este respecto su mayor tasa de hundimiento, que permite eliminar esa estela que deja el nylon al quedar atrapado en la película de agua por la tensión superficial. También es más rígido, con lo que su tendencia a rizarse con el uso de moscas voluminosas a igualdad de diámetro es menor que en el nylon.

En contrapartida: su elevado precio, claro; su menor elasticidad, con bastante relevancia a la hora de clavar, especialmente si somos de los que le damos un buen cachete y la capacidad de absorción de todo el equipo nos ayuda a no partir en este momento tan delicado. Además está también su teórica menor resistencia a los nudos, que no es tal, si no una consecuencia de esa mayor dureza del material que provoca que él mismo en los nudos se “autoestrangule”. Emplear nudos en los que el filamento no ejerza una gran presión sobre si mismo es la mejor solución al problema y el quebradero de cabeza, ya que cada marca suele tener su nudo “mágico”. Eso sí, las uniones nylon-fluorocarbono se suelen llevar bastante mal, ya que éste suele cortar al primero (de menor dureza), por lo que no conviene hacerlas en diámetros muy finos y estudiar bien qué nudo empleamos en ellas.

Diámetro y Longitud:

Como se ha dicho anteriormente, para muchos “diámetro” es igual a aumentar o disminuir las posibilidades de que los peces descubran nuestro engaño y así es, pero muchas veces creo que se confunde el porqué una disminución del diámetro del terminal nos da una captura. Mi experiencia al respecto es que los peces, vean o no el hilo, no toman o dejan de tomar el engaño por ello. No es una cuestión visual sino más bien de percepción. Dudo mucho de que la inteligencia de nuestras amigas distinga lo que es un hilo de pesca y estén pendientes de si las moscas derivan atadas a él, por no hablar de si el ojo de un pez tiene resolución para distinguir hilos transparentes de décimas de milímetro. Otra cosa es su huella en superficie, de la que para nuestra desgracia, no nos libraremos por bajar unas centésimas.

Para nublar su percepción no hay nada como conseguir que la imitación navegue lo mas natural y libre posible, esta es la verdadera clave y desde ella se debe analizar y construir nuestras decisiones, tanto técnicas como materiales, y para ello contar con conocimientos sobre cómo dos herramientas como son el diámetro y la longitud del tippet afectan a una deriva natural, puede ser decisivo.

El diámetro: a más diámetro, más superficie de contacto y de agarre con la película, por tanto más fuerzas ejerciendo tensión sobre la imitación y por ende, más dragado. Coloquialmente podríamos decir que la mosca baja “maniatada”. También más distorsión de la superficie. A menos diámetro, menos contacto con la tensión superficial y menos fuerzas tirando de nuestra mosca y por tanto, una deriva más natural y libre. Fácil.

Si hablamos de pescar bajo la superficie la historia se repite, con la salvedad de que el diámetro ejercerá resistencia al hundimiento y al libre movimiento de la ninfa en la masa de agua. Algo a considerar si queremos llegar profundo lo más rápido posible con imitaciones de escaso peso. Uno de los pocos usos justificables, en mi opinión, de diámetros extrafinos, sin contar con el tamaño del ojal de una mosca en un 28, claro.

La longitud: En si misma, la longitud del tippet puede parecer intrascendente fuera de “cuando cambio de mosca 10 veces y se me queda corto vuelvo a poner uno nuevo”. Nada más lejos de la realidad. En combinación con el diámetro puede sernos de gran ayuda para conseguir que los peces tengan una percepción menor del engaño y liberar nuestra mosca. ¿Por qué? Al ser el final de nuestro bajo es el encargado de disipar la energía cinética restante del lanzado, que es la que provoca que el bajo se estire por completo. ¿Queremos esto? No. ¿Que no queremos extender todo el bajo, pero qué estas diciendo? Espero que esa fase este ya superada en el colectivo de pescadores españoles, pero no lo tengo tan claro. A menudo se confunde extender bien la línea con precisión y saber lanzar. Extender por completo nuestra línea y bajo nos dará como resultado inmediato un dragado de enormes dimensiones.

Se puede ser muy preciso sin extender nuestra línea y el bajo, bien sea a voluntad mediante lances de presentación o por las características de nuestro equipo; para ello, la longitud del bajo y del terminal son cruciales, ya que: a más longitud, más ondulaciones y apilamientos involuntarios se generaran al no haber suficiente energía para extender el terminal en su totalidad y por tanto, menos tensión y menos fuerzas actuando sobre la mosca. Es más, esta reserva de línea es sin duda la más importante para prevenir el dragado, ya que es la que esta más próxima a la mosca y es la que le afecta de manera más directa.

En la práctica,  si olvidamos eso de que las truchas “ven” y presuponemos que el factor realmente decisivo es conseguir una deriva natural, combinando modificaciones del diámetro con longitud tendremos una herramienta fantástica para enfrentarnos al dragado y a la fina mirada de nuestras adversarias. No obstante, no olvidemos que por muy fino que sea nuestro terminal y muy buena nuestra mosca, el requisito indispensable es una buena presentación. Del análisis de unas circunstancias concretas podremos extraer como conclusión que, por ejemplo, quizá alargando el bajo un metro más consiga, sin bajar de diámetro, una deriva más natural que permita enfrentarme al pez con más garantías. O que para bajar tan rápido a esa profundidad un hilo fino me será de gran ayuda. O que…

“Tippeteo”: el postureo en las cuestiones relacionadas con los terminales. Sinceramente, hasta este punto hemos llegado. Sí, solo hay dos explicaciones: o bien la gente ha asociado pescar fino con la única forma de sacar peces, o bien está de moda decir que pescas con un 0,10 o un 0,07. La asociación fino igual a mejor ha hecho mucho daño a la pesca, no solo a los peces, también a los pescadores que pierden un gran número de piezas que podrían haber clavado y sacado si hubieran empleado un terminal de un calibre superior. Y me inclino por lo segundo, especialmente por el tono en que se suele decir “¡…y con un 0,10 eh!”. Ale, chúpate esa, con un 0,10 y una pelea de 15 minutos. Es como un plus, un mérito o un añadido. Como el que se llevan en la boca muchas gracias a esta moda.

Sinceramente, me atrevo a decir que el 80% de los peces que sacamos lo hacemos con un diámetro de hilo inferior al que tolerarían y esto, que puede parecer baladí, es algo realmente preocupante si nos preocupamos por nuestros peces. ¿Dónde esta la barrera? ¿Cuánto tiempo de pelea puede aguantar un pez sin que corra peligro su vida después? ¿Cuántas moscas hemos de dejar adornando sus branquias para dejar de hacerlo? Claro que hay momentos puntuales en los que no nos queda otra que poner un 10, pero son eso, momentos muy puntuales. No se puede entrar al río con un 0,10 puesto el primer día de temporada, no. Ni que te rompan el 50% de los peces decentes que clavas por jornada. Ni tardar un par o 5 minutos más en llevarlo a la sacadera.

Sencillamente es algo sobre lo que hay que reflexionar. Hay que tomar conciencia de que no todo en la pesca a mosca son 0,10, agentes secretos, etc… hay vida más allá. Cuando nos encontremos ante un buen pez que vaya a desafiar nuestra pericia y nuestro equipo con una buena pelea, pensemos también en las opciones de hacernos con él empleando un diámetro tan delicado. No hay que dar por sentado que solo aceptará el engaño si empleamos lo más fino de nuestro equipo, el proceso que nos lleve a ese punto debe de venir obligado y dictado por ese pez y las circunstancias, no por nuestros estereotipos. Os aseguro que nos llevaremos más de una sorpresa. Además, cuanto mayor sea el hilo con el que logremos engañar a un pez, mayores serán las opciones de hacernos una foto con el y, no menos importante, mas rápida y menos traumática será la pelea para él y mayores opciones tendrá de recuperarse adecuadamente. También hay que mirar por ellas.

Álvaro G. Santillán

*ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA DÁNICA Nº55

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