TRUCHAS DIFICILES, EL RETO

El tiempo hace varias horas que se ha parado. Estamos solos, ella y yo. Ni árboles, ni pájaros, ni viento, ni el frío que se me ha colado ya en los huesos… ni siquiera esa corriente que murmulla aguas arriba. Ella y yo, nada más. Todo empezó como tantas otras veces y sin embargo, aquí sigo. Me duele la cabeza, suspiro, juro para mis adentros, pienso una solución y rebusco en mi caja como si allí la fuera a hallar, pero nada. Sólo ese deseo innato de tenerla, de engañarla, de salir victorioso… de superar el reto.

Todos nos hemos visto alguna vez ante un pez “imposible”. Esa clase de peces que logran desmoralizar al más experimentado mosquero, peces especiales que sea cual sea el desenlace, nos aportan y enseñan mucho más que la satisfacción o la decepción del reto en si mismo. Son los mejores maestros. Sin embargo, ¿qué hace de estos peces un desafío tal?

Existen multitud de factores que pueden hacer que un pez suponga un reto, empezando por nosotros mismos. No hay que olvidar que lo que unos consideran truchas difíciles, para otros no lo son, o no lo son tanto. Al final, aquí entra en juego la subjetividad y el juicio de cada cual en función de su nivel, su habilidad y sus experiencias previas. Seguro que a todos nos ha pasado que un río que pescábamos hace años y cuyas truchas nos parecían el summun de la dificultad, hoy lo afrontamos con relativo éxito. ¿O no?

Como ya he dicho antes, esos retos en forma de peces son los que más nos hacen mejorar como pescadores, y aunque “la letra con sangre entra”, siempre es una satisfacción enorme ver como tus antiguos miedos y desafíos ya no lo son tanto. Quizá por eso a muchos nos gusten tanto esta clase de peces y los busquemos con asiduidad, a pesar de fallar muchas, muchísimas veces, en nuestro objetivo; porque, sin embargo, sabemos que nos dejan un bagaje muy positivo y el sabor de boca de vencer a una de estas adversarias es superior al de cualquier otro desafío de menor envergadura. Así que advierto al lector, que en este artículo no va a encontrar ni moscas mágicas, ni montajes matadores, ni tintadas secretas; tan solo algunas pinceladas de lo que a este pescador que escribe estas maestras le han enseñado. Y desde luego no iba de moscas secretas la cosa.

Las condiciones ambientales:

¿Pero qué factores externos hacen de estos peces un reto? En primer lugar, vamos a comenzar por las condiciones ambientales. A nadie se le escapa que hay ciertas circunstancias en las que todo pez se vuelve más receloso y actúa con mayor cautela: aguas claras, caudal bajo, mucha luminosidad, aguas paradas… son algunos de los factores que pueden convertir a una trucha del montón en una con dos carreras, tres masters e idiomas, equipada con un radar antipescadores. Generalmente, los peces bajo estas condiciones se caracterizan por la desconfianza y un grado de alerta máximo permanente, y creerme, nos pondrán las cosas realmente difíciles. Puede que no sean selectivos o quisquillosos con las moscas que les presentemos, puede, pero desde luego cualquier movimiento en falso o presentación defectuosa les hará salir huyendo. El pescador en estas condiciones debe de moverse con auténtico sigilo, sin hacer ruidos, poniendo cuidado en que nuestros clavos no chirríen en las piedras o que éstas no hagan ruido, evitando hacer ondas en el agua o proyectar sombras o brillos en la medida de lo posible… en definitiva, las prisas no son buenas consejeras en estas circunstancias. Ante todo calma, sosiego y tranquilidad.

A la hora de presentar debemos poner en práctica nuestros posados más delicados y nuestra mejor técnica de lanzado. Generalmente, evitar presentar la imitación al pez a pocos centímetros de donde se encuentra y dejar que ésta navegue de forma natural hasta su posición. Para conseguir esta clase de derivas extranaturales y posadas delicadas, el uso de bajos y terminales extra largos son cuanto menos de gran ayuda, si no una necesidad. Pescar a seca con bajos de más de 6 metros con terminales larguísimos y finos requiere cierta práctica, pericia y experiencia, ya que extenderlos y tener la precisión necesaria para no fallar el lance es algo más complejo, pero por contra nos será de gran ayuda a la hora de conseguir una posada y presentaciones naturales y evitar microdragados que alerten al pez.

Presentación:

Otra circunstancia más habitual de lo que podemos pensar que provoca que un pez sea un auténtico “comecocos” es la presentación, o al menos la forma en la que nos es posible presentarle en función de su posición en el río. Un buen amigo solía recordarme cuando me veía desesperado cambiando de imitación y jurando “le he pasado de todo mil veces y nada”, que cuántas veces en realidad el pez había visto algo comestible pasar por encima de su cabeza, cuántas veces de todos mis lances había visualizado la mosca que le había presentado, y de ellas, cuántas en realidad bajaba ésta como tenía que derivar. La verdad es que la respuesta suele ser que sólo un pequeño porcentaje de los intentos que hemos realizado, ya que en muchos no hemos sido precisos, en otros tantos la mosca ha bajado haciendo ski acuático, en otros el pez se encontraba mirando hacia otro lado, y en los pocos que nos han salido decentemente, al pez no le ha apetecido moverse a por ella. Tendemos a esconder nuestra falta de pericia queriendo pensar que no estamos dando con la imitación. Siempre es más fácil echarle la culpa al material que a nosotros mismos, al igual que es más sencillo pensar que existen hilos mágicos y moscas perfectas y que nosotros, pobres desgraciados, no las poseemos, que reconocer nuestros muchos defectos como pescadores.

No es de extrañar que muchos de estos peces que desafían nuestra pericia estén situados en aguas paradas con multitud de microcorrientes imperceptibles a simple vista, o en raseras en las que el dragado alcanza su máxima expresión, o a 20 metros de distancia donde nuestra precisión se ve mermada, o situados en un pequeño carril entre algas, o debajo de una rama, etc… En muchas ocasiones el reto no es acertar con la imitación, sino conseguir que ésta tenga una deriva natural o simplemente lograr que entre como sea en el perímetro visual del pez.

Para estos últimos casos es difícil dar ciertas pautas, ya que básicamente todo se reduce a mejorar nuestra técnica de lanzado: llegar más lejos para alcanzar como dios manda ese corro de peces que comen golosamente, tener más precisión para meter nuestra mosca en ese estrecho carril, afilar nuestro bucle lo suficiente para colarlo por debajo de la rama…dependen directamente de lo hábiles que seamos.

Sin embargo, en otros casos nos encontramos con situaciones de lanzado “aéreo” mucho más asequibles y es en el agua donde la cosa se pone interesante. El maldito dragado. Hay quien dice que el viento es el peor enemigo del pescador a mosca, yo no estoy para nada de acuerdo, para mi nuestro antagonista es el dragado. Al final, en esto todo se reduce a presentar una imitación concreta de la forma más natural posible de acuerdo al comportamiento de ese insecto. Los pescadores a mosca tenemos el gran inconveniente de que nuestra imitación va atada a un bajo y este a una línea, mientras que las naturales, a parte de pesar mucho menos, navegan libres por la corriente. Desde el mismo instante en que atamos la mosca al terminal, desde ese mismo momento, nuestra imitación se halla prisionera y a merced de todas las tensiones a las que nuestra línea la someta. De nuestra habilidad para aislarla de éstas, aunque sólo sea por un periodo de tiempo corto pero suficiente, dependerá inevitablemente nuestro éxito.

Podemos encontrar soluciones a este problema de muchas formas, pero principalmente todo se basa en lo mismo: línea floja, nuestra mejor aliada contra el dragado. Podemos crear línea floja ayudándonos de nuestro equipo y sirviéndonos de nuestro lanzado.

En lo referente a nuestro equipo, podemos asumir que la parte que más relevancia tiene es nuestro bajo de línea, al ser éste la parte que más cerca está de nuestra mosca y por tanto, la que más y más rápido somete a tensiones a nuestra imitación. Conseguir línea floja lo más cerca posible de nuestra mosca es de gran ayuda en casi cualquier situación y para ello, una buena solución para evitar dragados es alargar nuestro bajo de línea o nuestro terminal. ¿Por qué? Principalmente porque la resistencia que ejerce un filamento cualquiera es menor cuanto menor sea su diámetro, además de por conseguir, casi sin querer, crear línea floja al no ser capaces de extender el bajo por completo; línea floja que absorberá durante cierto tiempo la tensión hasta que se estire y empiece a tirar de la mosca y por tanto, a dragar.

Sí, la linea floja es la clave para evitar dragados, por tanto, ¿por qué no aprender a crearla? No sólo eso, ¿por qué no aprender a crearla donde nos interese? Esto es la máxima expresión del lanzado aplicado a la acción de pesca: los lances de presentación. Nos daría para varios artículos, pero a grandes rasgos podemos servirnos de lances como los curvos, las serpentinas, los ganchos, los extendidos, los apilados, pescar aguas abajo, etc…para crear línea floja allá donde la necesitamos y luchar contra las corrientes que nos impiden realizar una correcta presentación.

Si conseguimos que nuestra mosca navegue libre, habremos comprendido cuál es realmente el mayor secreto de la pesca a mosca.

Selectividad:

Muy bien, diréis. ¿Y cuándo hacemos todo esto y aún así no hay manera? En efecto, hay ocasiones en las que nuestras amigas muestran un estado de selectividad muy grande. Con selectividad nos referimos a que únicamente toman un determinado tipo de insecto o estadio de todo lo que el río les lleva en ese momento. Hay muchos grados de selectividad, pero en niveles altos es cierto que se puede tornar desesperante. No es nada sencillo dar con qué exactamente se están alimentando en ese instante, como bien sabréis, y cuál de las muchas imitaciones que imitan a ese determinado insecto en tal fase será la que mejor funcione.

¿Y ahora es cuando nos hablará de moscas y “micromierdas”?, os preguntaréis. Pues no, como os he dicho, creo que es un error relacionar el éxito en la pesca con una determinada imitación, como también lo es relacionar peces difíciles con moscas pequeñas. ¿Por qué? Porque seguimos hablando de lo mismo, selectividad, y los peces pueden estar tremendamente selectivos a dípteros diminutos, como estarlo al estadio en el que el pardón navega con las alas a medio secar y la exhubia colgando, por citar una mosca grande.

Y para esto no hay trucos, solo observación: de cómo se ceban, de cómo se mueven, del tipo de onda, de lo que baja en ese momento por encima y por debajo del agua… Tomar una decisión, probar y volver a probar hasta dar con algo que funcione. Por desgracia, bien a menudo nos encontraremos ante la típica situación en la que una trucha después de mucha guerra, toma confiada la mosca que acabamos de cambiar y ya creemos haber encontrado la clave del éxito de la jornada, pasamos al siguiente pez y…estamos igual, pasa de nosotros. O cuando un día con una determinada eclosión hemos triunfado con una determinada imitación y en la siguiente jornada ante unas circunstancias similares no hemos hecho carrera. Bueno, lo cierto es que las truchas son como las personas, no hay dos iguales y esto es pesca. La suerte también juega.

Aun así, podemos jugar nuestras cartas y hay ciertos atajos que tomar. Lo primero que tenemos que tener bien claro es que las truchas se alimentan mucho más y con mucho menor grado de selectividad debajo del agua que en la superficie. Y esto es así, no hay más. Ataquemos entonces sus puntos débiles: pesquemos por debajo, pesquemos los “centímetros mágicos”, pesquemos la película: esa fina capa de agua donde los insectos se quedan atrapados intentando romper la tensión superficial. El territorio de caza preferido de nuestras amigas.

Hay muchas formas de hacerlo, pero lo cierto es que mis preferidas son bien simples: atemos una ninfa sin lastrar a cierta distancia de esa mosca rechazada una y mil veces y veamos lo que pasa. O bien, probemos a empapar una de esas llamadas “emergentes”, sólo por tener algo de cdc y de exhubia y que van de puntillas sobre el agua. Haz que se hunda, deja que navegue libre y confía en tu instinto para detectar la tomada. Lo harás.

Truchas con escuela:

Uno de los retos de más dificultad a los que nos podemos enfrentar son esa clase de truchas, las truchas con escuela, truchas de tramos con sobre pesca que aguantan unas presiones de pesca fuera de lo común durante muchos meses. Esos peces pinchados en mil y una ocasiones, con muchos sustos a sus espaldas, bajo todo tipo de circunstancias y con varias colecciones de moscas distintas, que han visto lo último de lo último de montaje, hilos, etc. Peces, en ocasiones tan acostumbrados a la presencia humana, que incluso se caracterizan por aguantar su posición y su actividad invariable, aun cuando nos han detectado, como si no les inquietara lo más mínimo nuestra presencia. Desesperante. Puedes estar atosigándolas durante horas, tironteándolas a lances con todo tipo de moscas y nada, ahí siguen, comiendo como si con ello intentaran recordarnos quién manda. Y así, sin percatarnos, ya habremos cometido nuestro primer y fatal error. Es muy fácil caer en la tentación y entrar en un bucle de lance, tras lance, una espiral de obcecación que no nos llevará sino a ver disminuidas, aun sin darnos cuenta, nuestras posibilidades.

Con todos los peces, pero en especial con estos, es imprescindible servirnos del factor sorpresa. Nuestras posibilidades se ven mermadas con cada lance que hacemos, ya que por muy finos que seamos, generalmente los peces advierten que algo raro está sucediendo en su entorno. A veces no lo exteriorizan con una huida o cesando su actividad, a veces simplemente, varían su patrón de ceba (menor cadencia, cebas más escandalosas, rechazos a moscas naturales…), mueven las aletas de forma distinta, se sumergen unos pocos centímetros más… Esto implica que tenemos un par de lances clave, los primeros. Párate a pensar y a estudiar el lance, la deriva, la mosca, la cadencia… porque son de suma importancia si queremos acertar a la primera. No vale el método del prueba y error. Además, no hay nada mas satisfactorio que hacer fácil lo difícil, y hacerse con una de estas trucha a la primera…

Si aun así se nos resisten, simplemente recordar que la calma es nuestra mejor aliada, no estreses al pez, deja que tu presencia sea asumida como algo natural y no le inquietes con lances sucesivos. Realiza un par de tentativas, para y observa su comportamiento. Dale un rato, cambia de mosca si lo ves conveniente y vuelve a repetir. No es nada extraño ver a grandísimos pescadores cegados por las cebas de estos peces, usando su caña cual metralleta. Se que es difícil resistirse a esa vorágine, pero mantener al pez en un grado de alerta aceptable nos dará ese extra que a veces es necesario para engañarlo.

Para finalizar, hacer hincapié en la importancia de la innovación, de ser diferentes, únicos… Saber improvisar y poner en práctica nuestras propias ideas y huir de los establecido. Siempre y más aun en estos casos, pues no hay nada más difícil que intentar capturar un pez con lo mismo con lo que ya lo han capturado una docena de veces. Seguro que en alguna ocasión os ha sorprendido como una de estas truchas a la que ya le hemos pasado toda nuestra caja decide aceptar esa mosca rara que jamás habríais pensado en usar. Ni vosotros ni nadie, quizá por eso, porque se sale de lo habitual, ha resultado efectiva. Al igual que a veces pescar una postura desde un lugar poco común nos permite echar a un pez que, desde el sitio desde donde todos lo hacen, suele huir sin compasión.

Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, no lo sé, pero desde luego os animo a buscar vuestro propio camino con estas truchas que reparten lecciones por doquier, porque ellas no suelen hacerlo. Buscar la mejora en vosotros, no en lo accesorio. La mejor escuela está ahí fuera, en cada pez que capturamos y en los que no, en los que nos los ponen difícil, en los fracasos y en los retos que superamos. La auténtica satisfacción se halla cuando miras atrás y ves lo tortuoso del camino recorrido, porque no hay reto más desafiante, que el reto de mejorarnos a nosotros mismos.

*ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA DÁNICA Nº52

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