TRUCHAS TROFEO, EL GRAN DESAFIO

Aún puedo ver a ese niño con una caña mirando un gran pozo oscuro. En sus ojos se reflejan el brillo de  esos sueños de truchas enormes con lances y peleas increíbles con la reina del pozo. Un embrujo tal el que ejercen en su memoria esos lances imaginarios que jamás conseguirá borrarlos.

Me atrevería a decir que todos llevamos ese niño en nuestro interior, es esa parte de nosotros que nos hace ilusionarnos ante un nuevo escenario, un lance bonito o el que hace que nos imaginemos peleando con ese gran pez que acaba de cebar en mitad de la tabla. Y es por ese niño embrujado, por la magia de esos misteriosos peces, los más grandes, por lo que desde hace años he dejado de perseguir esas sombras imaginarias para tratar de hacer realidad los sueños.

Localizando sueños. ¿Cómo?

A muchos les puede resultar sorprendente que un porcentaje altísimo de estos peces se pesquen a pez visto, o al menos habiendo localizado previamente la zona de acción del pez, pero así es y es la pieza clave de su pesca y quizá la más dificil de aprender. ¿Por qué? Porque hay que saber mirar y no es sencillo, pero tiene su recompensa cuando ves como se abre esa gran boca y enguye tu imitación. Inolvidable.

Un gran porcentaje de pescadores pasa junto a estos grandes ejemplares sin verlos y no son pequeños precisamente, pero desde luego saben donde situarse y son expertos en detectarnos mucho antes que nosotros a ellas.

Una anécdota curiosa al respecto: un buen amigo solía pescar a menudo un tramo de río donde yo solía ir a buscar grandes ejemplares y siempre me preguntaba que cómo lo hacía, cúal era el secreto. Cuando le acompañé en una jornada, el problema era tan sencillo como que no los localizaba, no sabía dónde buscarlos ni dónde mirar. Ahora mi compañero saca bastantes más peces en ese tramo que yo.

Al hilo de esto, nunca está de más valorar la importancia de un compañero, no sólo porque compartir  con alguien la alegría de hacerse con un trofeo es algo que hay que vivir, si no también porque cuatro ojos ven mas que dos y en muchas circustancias de luz, una persona situada algo más alta o en otro ángulo pueden ser los ojos del que pesca.

Bien, vale, muy bonito, pero… ¿cómo, dónde y cuándo las localizamos? Y claro, ¿cómo las pescamos? Esto es pesca y no hay una ley universal como para casi nada, pero sí se pueden dar una serie de pautas, las cuales nos pueden facilitar el trabajo a la hora de prestar especial atención cuando nos encontremos ante una determinada postura.

En primer lugar hemos de situarnos y pensar que estos fantásticos ejemplares han llegado a esa edad por algo, son sencillamente los más aptos. Es raro pillarles en un descuido, en una zona desprotegida, sin profundidad o sin abrigo de ramas, piedras, cuevas o algas… y además se mimetizan muy bien y suelen permanecer inmóviles, pasando desapercibidos, asi que ojos bien abiertos siempre. Sin embargo, su punto débil es tan obvio como que se tienen que alimentar, y generalmente sus zonas de alimentación, aunque próximas a sus refugios, se encuentran algo más expuestas. Asi que esquematizándolo mucho, diremos que nos podemos encontrar ante una situación en la que el pez está en estado “off”, y otras en las que el pez está “on”. Lógicamente, encontrarnos al pez activo facilita mucho las cosas, pero no es lo normal, si bien no se puede negar que en esta pesca gran parte del éxito reside en estar en lugar adecuado en el momento justo.

Como no siempre se puede tener toda la suerte de cara, hemos de aprender de nuestros errores, ponerlos a nuestro favor e intentar que la suerte esté de nuestro lado. No hay nada mejor que pasar desapercibidos, moverse con auténtico sigilo, elegir bien por dónde pisamos y cómo, y minimizar las zonas de badeo para toparnos con algún gran ejemplar en nuestro camino. Aun así, en muchas ocasiones no es suficiente y vemos como el pez se va y nuestras oportunidades se alejan. Una lástima, recapacitemos de en qué nos hemos equivocado, pero démonos cuenta de que parte del trabajo lo hemos hecho sin querer: tendremos que regresar a esa postura en días sucesivos y prestar especial atención a esa zona caliente, pescandola quizá de mas lejos o a ciegas, pero ya sabemos la localización de ese pez. La próxima jugaremos con ventaja.

¿Cuándo y dónde? Una temporada de situaciones:

A lo largo de la temporada, tanto la situación como el comportamiento de los peces varía en gran medida y deberemos buscarlos en distintas localizaciones y con pautas de alimentación bien diferenciadas. Así por ejemplo, nos encontramos en los principios de temporada con tiempo frío y condiciones adversas con uno de los escenarios más propicios para su pesca. La razón es bien sencilla y se repetirá a lo largo de todo el año: eclosiones masivas. Para que estos peces muevan todo su peso y les veamos alimentarse con continuidad, el balance gasto-beneficio debe de ser positivo y eso sólo lo consiguen las grandes eclosiones de bétidos de mediodía de principio de temporada, las de ignitas de junio, las caídas de hormigas de las tardes de verano o esas eclosiones múltiples de los serenos. Momentos todos ellos muy propicios para poder hacernos con uno de estos peces en superficie. Generalmente, si hablamos de principio de temporada no solamente cabe la posibilidad de esperar a que a alguna le de por salir a cebarse, principalmente por lo general en aguas relativamente lentas (hace frio, aun no estan fuertes y si van a tener que estar sube y baja comiendo betidos mejor buscar aguas en las que el esfuerzo no sea grande).  Otra de las pescas mas fructiferas en esta época se trata de la pesca con streamer, aprovechando la voracidad de estos ejemplares, la necesidad de alimentarse que tienen tras el inviermo y la freza, y la querencia natural que tienen por las presas más grandes. Preferiblemente buscaremos corrientes profundas, no muy rápidas, de entradas a pozos y pescaremos a una profundidad considerable. Patrón que repetiremos si vamos a optar por la ninfa.

La temporada va avanzando, y salvo por las eclosiones de Ephemerellas empieza a ser más complicado observar actividad de truchas grandes en superficie, pero la actividad de éstas es considerable en otras capas de agua. Además, los clásicos momentos de actividad del orto y el ocaso  se irán intensificando a medida que los días se alarguen y el calor apriete. En esta época, los peces ya suelen estar ocupando sus territorios habituales, pero suelen hacer pequeñas migraciones diarias para alimentarse, por ejemplo al amanecer o antes de la eclosión, a la cabecera para alimentarse de ninfas o a la rasera para acechar alevines. No hace falta comentar mucho más al respecto. Generalmente durante el día las encontraremos en modo off, tomando el sol o a la sombra debajo de un alga, pero es un momento ideal para emplear toda nuestra habilidad presentándoles ninfas a pez visto. Estos peces necesitan ingerir un gran número de kcal y son tremendamente oportunistas, así que si les presentamos algo atractivo dentro de su rango de visión es muy probable que obtengamos alguna reacción.

Con la llegada del verano las cosas se ponen francamente complicadas, sinceramente. A la cada vez más complicada situación de nuestros cauces por el estiaje o las pantanadas, se une que nuestras amigas ya llevan una temporada larga a sus espaldas y cuesta encontrárselas alimentándose; sacarlas del modo “off” se vuelve un reto para cualquiera. Una de las situaciones de pesca que más me gusta de esta época son las tardes calurosas de verano, en las cuales muchas veces estos peces se situan en sombras cercanas a la orilla al acecho de cualquier terrestre que pudiera caer al agua. Los bichos de foam, desde las hormigas hasta los saltamontes, serán nuestros mejores aliados.

Ya para terminar, con la llegada del otoño y el mal tiempo, digamos que podemos vivir un “revival” de principio de temporada que nos dejará con buen sabor de boca hasta la próxima temporada.

Consejos materiales:

Escribir sobre qué te lleva a este tipo de pesca o hacer un repaso sobre dónde o cómo encontrar los peces es relativamente fácil en comparación con describir cuáles son los secretos o los trucos, si es que los hay, que marcan la diferencia. Muchas veces la diferencia es tan fina como un hilo, un hilo del 0´10, por ejemplo. Esos hilos sobre-empleados en la actualidad y que irremediablemente llevan a un gran número de pescadores a lamentarse por haber perdido la mas grande del día. O de su vida. Valoremos cuáles son las circustancias y si es realmente necesario recurrir a diámetros bajos para engañar a uno de estos peces. O a cualquiera. No digo que no sea posible sacarlas con un 0´10, pero mi experiencia me dice que ese mismo pez se podría haber sido clavado con un 0´15 y haberle ahorrado unos valiosos minutos de pelea, que a buen seguro agradecerá el pez en su recuperación.

¿Fluorocarbono o no? El que escribe no es especialmente tajante sobre este tema y no empleo demasiado hilos de fluorocarbono. Hay que tener bien claro cuáles son las ventajas de este material: una menor refracción y reflexión de la luz debajo del agua que lo vuelven menos visible y sobre todo, una mayor resistencia a la abrasión, cualidad muy util en la pelea de un buen ejemplar; pero también sus debilidades, que principalmente se derivan de su segunda cualidad: es un material tan duro que tiene la capacidad de estrangularse en la mayoríaa de los nudos y autocortarse. Cualquiera que haya realizado test de hilos en casa habrá comprobado que el fluorocarbono casi siempre rompe por los nudos. Hemos de probar varios nudos y encontrar con cuál nuestro fluorocarbono tiene mayor resistencia. El otro inconveniente ya lo sabemos todos: el precio. Con esto no pretendo aconsejaros el uso de uno u otro, pero si valorar que situaciones son propicias para cada cual o si necesitamos usar un terminal de 30 euros la bobina continuamente y más con la velocidad a la que cambiamos terminales y como está la cosa.

Por cierto, continuando con los nudos, no hay que olvidar que son los autenticos puntos débiles de esa línea que nos conecta con el pez. Testar diferentes tipos de nudos y probar su resistencia es algo que requiere de poco esfuerzo y de lo que podemos aprender mucho.

Para terminar con el tema, un consejo: revisar el bajo continuamente es primordial cuando pescamos en tramos con grandes ejemplares. A todos nos pasa y se lo difícil que resulta pararse a cambiar el terminal cuando acabas de ver a un bicho cebarse, porque cometo este error constantemente… Y me rompen muchas por ello. Consejos vendo que para mi no tengo…

Siguiendo con el material, no está de más recordar que algo frecuente con ejemplares de gran tamaño es que sometamos a los anzuelos a una presion considerable, por lo que elegir bien el tipo de anzuelo sobre el que montaremos las moscas que presentaremos a un gran pez puede ahorrarnos una anécdota de esas que contar a los amigos: “Ay aquella trucha que me dobló ese maldito anzuelo”. A mi me ha pasado y seguro que a muchos de vosotros tambien y preferiríais que el final de la anécdota fuera otro.

No se pueden dar muchos consejos en cuanto a cómo presentar a uno de estos peces, principalmente porque ante todo siguen siendo truchas y las pautas son las mismas, pero con una carga de nervios  importante y el corazón resonandote en tu cabeza, pero eso es lo que engancha. Cuando presento a uno de estos peces me vuelvo a sentir como cuando siendo niño saqué mi primera trucha a seca y al final, también pescamos sensaciones, ¿no?

El unico consejo que me ha ayudado a mejorar es presentar a todas y cada una de las truchas que pescamos, por muy pequeñas que sean, con la misma atención, concentración y cuidado que lo hacemos cuando tenemos a un pez de 2kg delante. De esta forma, puede que la próxima que nos topemos con una sepamos hacerle un curvo o un extendido, crear línea floja, evitar el dragado, etc…porque usamos esas herramientas a diario y no sólo en ocasiones especiales.

En las distancias cortas:

¡Ay! las peleas con estas auténticas locomotoras de agua dulce… ¡Ay! ¡Qué de errores cometemos y qué caros nos cuestan! Porque sí, es cierto, si hay un momento crítico con estos peces es este y es  en el cual se notan más las diferencias entre un pescador templado ya en estas lides y otro que no, diferencias que al fin y al cabo, son las que decantan hacia que lado cae la moneda.

La pelea no empieza en el momento de clavar al pez, empieza mucho antes. Hay que previsualizar los posibles movimientos del pez, estudiar cada pregunta que nos surja e intentar ponerle solución antes de que ocurra, luego puede ser tarde. ¿Hacia dónde huirá?, ¿vendrá hacia mi?, ¿correrá hacia esas algas, árboles, piedras…?, ¿se descolgará corriente abajo?, ¿dónde he de ensalabrarla?, etc…son preguntas siempre necesarias y en ocasiones imposibles de responder, pero cuanto más claro tengamos el camino que va a llevar al pez a nuestras manos mejor.

Elegir desde que posición tiramos al pez es clave para el éxito y es una de las decisiones cruciales que se derivan de alguna de las preguntas anteriores. Mi respuesta suele ser siempre la misma: lo más cerca posible. Con muchos peros, claro está. Lo mas cerca posible sin alertar al pez. ¿Por qué? Las ventajas son innumerables incluso desde antes de clavar al pez, ya que tendremos una posición privilegiada para estudiar la deriva, evitar dragados, presentar con precisión, etc…Yéndonos a la pelea, resulta obvio que cuanta menos distancia tenga que recorrer el pez desde su situación hasta la sacadera mejor. Menos obstáculos. Además situarnos lo más cerca del pez nos permite realizar ciertas “jugadas” que muchas veces acaban con el pez en la sacadera en pocos segundos (sí, pocos segundos, por muy grande que sea), o en el peor de los casos nos permiten controlarlo mucho mejor que si lo hubiéramos clavado a 20 metros.

En las distancias cortas es cuando más fuerza y control ejercemos sobre el pez y es obvio que cuanto más rato tengamos todo bajo control mejor. Además, el clavar al pez cerca de nuestra posición nos da la posibilidad de usar el desconcierto que provoca en él una clavada potente, para mientras se retuerce, usar toda la potencia y resistencia de nuestro equipo para subirlo a la superfice e intentar dejarlo sin coger agua durante unos segundos. Aprovecha su confusión y…adentro. Así que sacadera grande siempre, o muy grande. Parece mentira la cantidad de peces realmente grandes que se sacan con menos de un minuto de pelea. Desde luego es una posibilidad que exploto siempre que puedo y si el pez no me da ocasión o fallo se que luego las cosas se van a poner mucho mas feas. Porque desde luego, conocer perfectamente cuáles son los límites de nuestro equipo es obligatorio, ya que si no es en los primeros momentos seguro que habrá otros en los que tengamos que decidir hasta qué punto frenamos al pez y es tan malo quedarse corto como pasarse.

Una de las discusiones perednes de este país son los carretes. Que si automáticos, que si freno sí o no…cada uno tiene sus gustos, pero peleando un pez el mejor consejo que se puede dar con respecto al carrete es: cuanto antes tengas toda la línea dentro y pelees al pez usando el freno y no dándole línea en sus arrancadas con el tacto de tus manos mejor. Lo siento, pero nuestro tacto no es ni la mitad de progresivo que el de cualquier carrete, sea automático o no. Se trata de tener al pez controlado y controlar todas las variables que podamos; si el pez decide correr y tenemos que darle línea es mucho mejor que sea el carrete quien se la vaya dando suavemente y sin tirones que nosotros mismos dejando que corra entre nuestros dedos la línea que tenemos en nuestros pies, que a estas alturas ya se habrá enganchado en la ramita, el alga, la piedra, el pie, el cortahilos, etc…en estos trompicones rompen muchos y el mal rato que pasas cuando tienes que dar línea y la tienes enganchada…no se lo recomiendo a nadie, no se los peces que habré perdido por esto.

Concienciación

Para finalizar, solamente deseo pediros conciencia. Se que hay muchos pescadores que aún creen que estas grandes truchas son uno de los enemigos de nuestros ríos, auténticas devoradoras de alevines y truchas pequeñas. Nada más lejos de la realidad, aunque en su dieta haya alevines de toda las especies, estas truchas nos dan mucho más de lo que nos quitan. Estos magníficos ejemplares son el máximo exponente de Darwin y el más apto sobrevive y se perpetua. Llegar a esos tamaños en la situación actual requiere de unas características genéticas muy concretas que debemos dejar que se perpetuen. Estos peces estan mejor adaptados a las sequías que nos azotan o a la vida de pantanadas, a la contaminación, a la supervivencia frente a depredadores como nutrias, cormoranes, visones o el propio hombre, al que han burlado en muchas ocasiones para llegar a este tamaño y no haber acabado en un fogón, etc…todas ellas cualidades deseables para futuras generaciones.

Además de ser unas reproductoras excepcionales, con una carga de huevos mucho mayor, unos huevos de mayor tamaño con mayor carga de vitelo, mejorando la supervivencia de los alevines en las primeras etapas; eligiendo mejor lugar de freza y sus acompañantes, etc… ¿Que si ya son muy viejas y son esteriles? Siendo biólogo no me atrevo a juzgar algo así a pie de río y en el 99% de los casos la trucha que me enseñan “tiesa” no es ni mucho menos el paradigma de una trucha vieja. Vieja y grande no tienen porque ser lo mismo.

Asi que por favor, la próxima vez que tengáis una en vuestras manos pensaroslo bien y desde luego, por mucho que sea para vosotros un pez muy especial y queráis recordarlo, manipularlo bien, no alarguéis innecesariamente la pelea, no lo expongáis a largas sesiones de fotos fuera del agua, ni lo poséis sobre piedras u otras superficies abrasivas. Si pescamos sin muerte es nuestra responsabilidad garantizarle un futuro a ese pez. Tenéis un poco de futuro en vuestras manos.

*ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA DÁNICA Nº51

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